Información y desinformación en tiempos de pandemia
Vivimos en un periodo de incertidumbre que viene cargado de un volumen de información, muchas veces, desproporcionado. La irrupción del virus de la Covid-19 en este fatídico 2020 lo ha cambiado todo. Ha transformado el mundo y nuestra forma de estar en él. En un contexto tan complicado, informar se ha hecho más necesario que nunca. Posiblemente, jamás la Comunicación alcanzó unas cotas de relevancia tan grandes como hasta ahora. Sin embargo, ha tenido que llegar una pandemia para poner de manifiesto los peligros de un sobreexceso de información. El portal Maldita.es ha detectado en un estudio reciente 815 mentiras, alertas falsas y desinformaciones sobre el coronavirus. Los llamados bulos, noticias falsas (fake news, en inglés) campan a sus anchas y viajan a la misma velocidad que el Covid. Una mentira vende más y mejor que cualquier verdad.
Antes, sólo teníamos los periódicos, la televisión y la radio para informarnos, que no era poco. Ahora en la era digital tenemos que sumar las redes sociales y los blogs, entre otros, como fuentes de información; y en muchas ocasiones de desinformación. El resultado es que cualquier persona se ve expuesta a un volumen de contenidos que es difícil de asimilar. Algo que han sabido aprovechar muy bien quienes impulsan las 'fake', que es como un cáncer para la profesión del periodista, a la vez que un reto el poder detectarlas.
Volvamos al coronavirus, esa pesadilla de la que parece que no vamos a salir, pero saldremos. Según un estudio dirigido por el profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, Ramón Salaverría, se detectaron 292 bulos o noticias falsas en redes sociales durante el primer mes del confinamiento en España. De ellos, un tercio son contenidos falsos sobre salud o ciencia. Estos datos se extraen de un proyecto de investigación liderado por Salaverría y que forma parte de un programa de Ayudas a Equipos de Investigación Científica de la Fundación BBVA en Economía y Sociedad Digital 2019.
Y esto fue sólo al principio de decretarse el Estado de Alarma en España. Seguramente en estos momentos también estemos sufriendo una segunda ola de noticias falsas. Es muy fácil caer en la trampa de los bulos, aunque ya existen herramientas para detectarlos.
Es difícil recordar un periodo de la historia reciente en la que hayamos estado tan 'enganchados' a a la información como ahora. Esa necesidad de conocer qué es lo que está pasando; cuántos nuevos contagios se han producido; cuántas muertes; cómo está la situación en el lugar donde vivo; cuáles son las nuevas restricciones; por dónde va la curva; cuando habla Fernando Simón... ya forma parte de nuestro día a dia. Pero conviene dosificar. Porque la posibilidad de trasladar los colapsos hospitalarios a los gabinetes de psicólogos está cada vez más cercana.
Muchas veces tanta información -y más aún cuando se trata de malas noticias- acaba por afectarnos en lo personal. Estamos más tristes y con menos energía. Se nos vuelve en contra esa acuciante necesidad de saberlo todo.
Desconexión. Dieta digital. Ver todos los telediarios, programas informativos o leer muchas cosas en las redes sociales sobre la Covid, además de agotar, puede acabar por deprimirnos. En paralelo a este virus que asola el mundo, ha crecido otra epidemia: la de la desinformación, de la que también precisaremos de una vacuna. Y conviene estar alerta para no infectarnos.
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